Una familia entera perdió la vida a la altura de San Vicente, mano a Cañuelas. Mientras la sangre vuelve a manchar una de las rutas más deterioradas y olvidadas por la actual gestión, las autoridades siguen mirando hacia otro lado.
La Ruta Provincial N° 6 ha vuelto a cobrarse el peaje más caro: el de la vida humana. Este sábado, a la altura del kilómetro 53 en dirección a Cañuelas, un brutal choque entre una camioneta Volkswagen Amarok y un Peugeot 207 dejó el escalofriante saldo de cinco personas fallecidas, entre ellas dos menores de edad. Una nueva tragedia que destroza a una familia y reaviva el justificado hartazgo de los vecinos ante un corredor vial abandonado a su suerte por el Estado.
El impacto, de una violencia inconmensurable, resultó letal para la totalidad de los ocupantes del vehículo de menor porte. Entre los hierros retorcidos, el personal de emergencia logró identificar a Serafina Benítez Cabañas (31) y a Juan Aníbal López Rodríguez (29). Junto a ellos viajaban dos menores que también perdieron la vida en el acto, y un quinto pasajero, un hombre adulto que hasta el cierre de esta edición aún no había podido ser identificado.
Por su parte, el conductor de la camioneta Amarok —un joven de 28 años que resultó ileso— fue inmediatamente aprehendido en el lugar y ya se encuentra a disposición de la UFI N°1 de San Vicente.
¿Accidente o consecuencia del abandono?
Si bien la Justicia se encuentra realizando las pericias correspondientes para determinar la mecánica exacta del siniestro, es imposible aislar esta masacre vial del contexto de abandono estructural que sufre la Ruta 6.
Lo que desde los despachos oficiales suele venderse como una gestión de “avances y obra pública”, choca de frente con la realidad de quienes transitan diariamente el tramo San Vicente-Cañuelas. Se enfrentan a una verdadera trampa mortal caracterizada por:
- Falta de iluminación en tramos críticos.
- Carencia de demarcación y señalización adecuada.
- Deterioro de la calzada y falta de mantenimiento preventivo.
- Ausencia total de controles de seguridad vial por parte de la Provincia y los municipios involucrados.
En el lugar del desastre trabajó a destajo el personal de emergencias: ambulancias de la zona, Policía Vial, el Comando de Patrullas y efectivos de la Comisaría 1ra de San Vicente. Los rescatistas tuvieron que enfrentarse a la peor de las escenas, lidiando con un desastre que, dadas las pésimas condiciones de la infraestructura vial, muchos advierten que se podría haber evitado.
La tragedia vuelve a enlutar a la región y a los cañuelenses. Mientras la Justicia investiga las responsabilidades al volante, queda flotando la pregunta que nadie en el poder político quiere responder: ¿Cuántas vidas más deben perderse en la Ruta 6 para que las promesas de campaña se transformen en asfalto seguro y gestión real?






