El paro expuso la tibieza política de Marisa Fassi y su desconexión con los trabajadores

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La jornada de paro nacional tuvo en Cañuelas una postal inesperada: actividad casi normal y una intendenta en silencio. Mientras la CGT buscaba paralizar el país, en el distrito los comercios abrieron, los hospitales funcionaron con normalidad y los servicios municipales se mantuvieron en la calle.

El impacto de la medida de fuerza fue mínimo. Solo se sintió en los andenes vacíos del tren Roca y en la menor frecuencia de algunas líneas de colectivos. La mayoría de los vecinos eligió usar su vehículo y asistir a trabajar, dejando en claro que el paro no tuvo adhesión local.

Pero el dato político no estuvo en la actividad cotidiana, sino en la actitud de la jefa comunal. Marisa Fassi no realizó declaraciones, no acompañó el reclamo sindical y tampoco mostró gestos hacia los trabajadores. Esa ausencia generó malestar en sectores gremiales y en parte de la militancia.

La falta de posicionamiento abre interrogantes sobre el vínculo de la gestión municipal con el movimiento obrero. Para una dirigente que históricamente se mostró cercana a los trabajadores, el silencio fue interpretado como una señal de distancia.

En el ámbito político local ya hablan de desgaste y de una conducción que prioriza sostener la imagen de gestión antes que representar los reclamos laborales. El descontento empieza a crecer y podría tener consecuencias en el escenario futuro.

El paro pasó, pero dejó una certeza: la relación entre el gobierno municipal y los trabajadores atraviesa uno de sus momentos más tensos. Y el costo político de esa pasividad todavía está por verse.

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